Mecanicismo y el pensamiento formal

David Baños Abril

Los avances en tecnología no ocurren así como así. Hacen falta verdaderas revoluciones en el pensamiento para que las mentes más elevadas sean capaces de imaginar el progreso. La era de la máquina comenzó con una de esas revoluciones. Veremos ahora el Lenguaje Universal de Leibniz y el origen del mecanicismo.

Mecanicismo

Cuando la ciencia surgida de Galileo se preguntó por el porqué de los sucesos físicos, se desestimó la causa final (el “para qué”) para centrarse en la causa eficiente (el motor de cambio). Los fenómenos físicos son precipitados por sucesos inmediatamente anteriores en el tiempo. Si una pelota se desplazaba era porque otro objeto le había transmitido su fuerza a través del contacto. El mundo estaría compuesto por múltiples elementos materiales y era el movimiento y el contacto entre ellos la causa de todo suceso físico. Los distintos fenómenos se distinguían bien por los atributos medibles de los elementos (peso, tamaño), o bien por cómo estos se organizaban entre ellos. Así, las diferencias entre un fenómeno u otro eran de tipo cuantitativo. Estos principios que hemos expuesto se unificaban en un solo concepto conocido como mecanicismo.

En el artículo anterior mencionamos que en el siglo XVII y XVIII, el cosmos fue imaginado como una máquina de relojería. Esta metáfora del reloj evoca perfectamente los principios mecanicistas. Su diseño debía de ser cuidado hasta el mínimo detalle. No solo era necesario contar con precisos engranajes, sino que debían calibrarse entre ellos perfectamente para transmitir el movimiento. Diseño, forma y movimiento era todo lo que necesitaba para funcionar.

Críticas al Mecanicismo

En seguida el mecanicismo se topó con graves problemas. Las investigaciones de Newton confirmaban que la gravedad era una fuerza que operaba a distancia. La Tierra atrae a la Luna sin que exista contacto físico ni transmisión del movimiento entre ambos. De la misma manera, los experimentos químicos mostraban que los productos de las reacciones tenían propiedades cualitativamente distintas a los reactivos.

Sin duda, el mayor escollo del mecanicismo se encontraba al aplicarse al pensamiento. El ya citado Descartes, defensor del mecanicismo para toda sustancia material, considera que la res cogitans seguía unas leyes diferentes que no podían reducirse a simples elementos físicos chocando entre ellos.

La Edad Moderna vivió una verdadera fascinación por los autómatas, como el famoso pato de Vaucanson. El mecanicismo veía a los animales y la anatomía humana como ciertos tipos de máquinas.

Pensar como una máquina

Pero, adoptemos ahora una definición algo más amplia de mecanicismo, que no requiera de elementos físicos. A veces aplicamos el adjetivo mecánico cuando hacemos las cosas sin pensar, de forma automatizada sin tener una finalidad consciente. Es así precisamente como se comporta una máquina. No trabajan para ellas mismas, sino que su funcionalidad está subordinada a un ser humano, que es el que da sentido a lo que de otra manera serían simples engranajes en movimiento. Es el humano el que diseña el reloj y quien interpreta el movimiento de las manecillas como el paso del tiempo. Evidentemente el reloj ni sabe ni tiene porqué saber qué es el tiempo. Diseñar un aparato que mida el tiempo implica transformar la experiencia subjetiva de la duración en unidades discretas, cuantificables y por tanto medibles (segundos, horas, etc…).

Una vez que se ha hecho esta abstracción, cobra sentido dejar en manos de un mecanismo el ejercer un movimiento repetitivo y preciso que pueda interpretarse como el paso del tiempo. Dicho de forma resumida, para diseñar una máquina, primero hay que aprender a «pensar» como ellas.

A partir de esto, propondremos una definición de acción mecánica que implicará dos cosas: primero que sea una acción reglada sobre elementos discretos correctamente definidos; segundo una acción ciega que aplique dichas reglas sin necesidad de plantear un objetivo específico.

Cálculos Mecánicos

A poco que pensemos nos daremos cuenta que las operaciones aritméticas como la suma, sustracción o división responden bastante bien a eso que hemos llamado acción mecánica. Con el nacimiento de la economía de mercado y el desarrollo de la administración tributaria, fue necesario que un concepto bastante impreciso y subjetivo como era el de valor se tradujese a un sistema cuantitativo como es el de precio. Los bienes podían ser «medidos» en unidades abstractas monetarias. Así, no es de extrañar que el impulso por desarrollar máquinas de cálculo proviniese de contables y agentes recaudadores.

Una de las primeras calculadoras de la historia fue obra del famoso Blaise Pascal quien, con apenas diecinueve años, la inventó para facilitar el trabajo de su padre, que era recaudador de impuestos. A día de hoy se conoce como Pascalina. Ante la obra de su hermano, Gilberta Pascal apuntó con buen tino que el aparato «es considerado una maravilla por haber reducido a rango de máquina una ciencia que tiene su origen en la mente«. De forma un tanto paradójica, las ideas abstractas de la matemática podía traducirse a la estructura física de una máquina.

-La máquina aritmética hace cosas que se acercan más al pensamiento que todo lo que hacen los animales, pero no hace nada que nos haga decir que posee voluntad, como los animales.- 

Blaise Pascal. Pensamientos.

Así lucía una Pascalina. A pesar de que solo podía realizar sumas y restas, la máquina de Pascal tuvo un cierto éxito comercial.

Lenguaje Universal

Hemos visto como los filósofos sintetizaron la verdad universal en un conjunto de intuiciones evidentes que pudieran servir de axiomas para comprender el mundo. Estas certezas debían manifestarse como incuestionables para cualquier persona. El resto de evidencias irían apareciendo con la simple aplicación ciega de reglas correctas de inferencia. Así, muchos concluyeron que pensar bien era una operación mecánica equivalente a sumar o multiplicar. Así que…¿Porqué no inventar una máquina que «piense» por nosotros?

Lenguaje Universal de Leibniz

El primer paso para ello requería eso que hemos llamado «abstracción»: transformar nuestra ideas intuitivas en objetos discretos y correctamente ordenados, de forma que contengan un significado universal y objetivo. Para manipular de forma correcta estas ideas, podemos diseñar un lenguaje simbólico específico que codifique en gráficos concretos cada una de estas ideas. Esto es lo que, también en su juventud, planteó el gran Gottfried Leibniz, uno de los mayores matemáticos de todos los tiempos. A su hipotético lenguaje lo denominó Characteristica Universalis. Los símbolos podría entonces combinarse entre ellos de forma reglada para dar lugar a ideas compuestas más complejas.

-Si dispusieramos de un cuerpo de signos que se ajustasen a nuestro propósito de poder tratar a nuestras ideas de un modo tan claro […] todo trabajo científico que dependa del razonamiento sería efectuado recurriendo al cambio e intercambio de signos mediante una especie de álgebra. […] Si alguien dudase acerca de alguno de mis enunciados, yo le diría: hagamos cálculos.-

Gottfried Leibniz. Dissertatio de arte combinatoria.

Leibniz nunca llegó a construir semejante máquina lógica, que hubiese sido sin duda el primer ordenador. Pero asentó las bases de la lógica moderna, al proponer que el valor de verdad de un enunciado depende de operaciones mecánicas.

Lecturas Recomendadas

 – Russel, B. (1945) Historia de la filosofía occidental.

 – Ifrah, G. (1981) Historia Universal de las cifras

 – Pascal, B. (1670) Pensamientos

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